lunes, 6 de marzo de 2017

Asesinato en la catedral, de Edmund Crispin

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Gervase Fen es un detective aficionado, pero tiene la prepotencia de un investigador reconocido. Es una especie de Hércules Poirot egocéntrico y neurótico, muy bien pagado de sí mismo. En una de sus vacaciones a la costa en la que se le presupone dedicado al estudio de los insectos, se topa con el curioso asesinato de un organista catedralicio. Como las cosas nunca son como parecen, la localidad sufre del espionaje de algunos miembros pro alemanes y mantiene el gusto por las misas negras descafeinadas y algunas costumbres oscuras de tiempos remotos que sirven para decorar la investigación de Fen.

La obra en este punto es costumbrista y refleja la sociedad inglesa de la Segunda Guerra Mundial, con una serie de personajes extraños y excéntricos, tanto o más como el mismo Fen. También, hay algo de cera para los alemanes, quizás como propaganda política.

La obra es entretenida, pero no termina de ser una novela policíaca del tipo Agatha Christie, ni ofrece el sentido del humor de P.D. Wodehouse, como nos quieren hacer ver en la editorial. Edmund Crispin se queda a medio camino entre ambos autores y no llega a la altura de ninguno de ellos. Asesinato en la catedral se puede leer sin buscar en ella la novela policíaca de Christie o el humor de Wodehouse. Personalmente, no buscaré las demás aventuras de Gervase Fen en las estanterías de una biblioteca, ni mucho menos en las de una librería.

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